La personalidad de un gran hombre

En este post le coy a mostrar un resumen del libro Tus zonas errónes de Dyer Wayner que describre como es un hombre que ha vencido todas sus pensamientos autodestructivos. Al final le digo el link para que descargen el libro.

Están demasiado ocupados siendo para fijarse en lo que hacen sus vecinos.
Es posible que una persona liberada de zonas erróneas nos parezca un personaje
de ficción, pero la liberación de los comportamientos autodestructivos no es un
concepto mitológico; más bien se trata de una posibilidad real. La posibilidad de
funcionar plenamente está a tu alcance y una completa salud mental en el
momento presente puede ser una opción.
Este último capítulo está dedicado a describir cómo funciona la gente libre de
zonas erróneas de comportamiento y pensamiento. Verás el desarrollo de un
individuo distinto a la mayor parte de la gente y que se distingue por su hábil
capacidad de estar creativamente vivo en todo momento.
Las personas libres de zonas erróneas son muy distintas a la gente común y
corriente. Y aunque su aspecto es como el del normal de la gente, ellos tienen
unas cualidades muy particulares que en ningún caso son raciales,
socioeconómicas o sexuales. No encajan fácilmente en ningún rol, trabajo
específico, moldes geográficos, niveles educativos o estadísticas económicas.
Tienen una cualidad diferente, pero la diferencia no es fácil de discernir por
medio de los factores externos tradicionales con los que generalmente
clasificamos a la gente. Pueden ser ricos o pobres, hombres o mujeres, blancos o
negros, vivir en cualquier parte y hacer casi cualquier cosa. Son un grupo de
gente muy variada que sin embargo tienen un factor en común: estar libres de
zonas erróneas. ¿Cómo darte cuenta de cuando te encuentras con alguien así?
¡Obsérvalos! ¡Escúchalos! Esto es lo que descubrirás:
En primer lugar, y esto será lo más evidente, verás que es gente que disfruta
de virtualmente todo lo que les brinda la vida; gente que se siente cómoda
haciendo cualquier cosa y que no pierde el tiempo quejándose o deseando que las
cosas fueran de otra manera. Sienten entusiasmo por la vida y quieren todo lo
que pueden sacar de ella. Les gusta salir de excursión, ir al cine, leer, practicar
deportes, asistir a conciertos, visitar ciudades, granjas, contemplar animales,
montañas y realmente casi todo. Les gusta la vida. Cuando estás cerca de gente
así, notarás la ausencia de lamentos e inclusive de suspiros pasivos. Si llueve, les
gusta.
Si hace calor lo disfrutan en vez de quejarse. Si se encuentran en medio de una
congestión de tráfico, o en una fiesta, o completamente solos, sencillamente
actúan de la mejor manera posible. No se trata de disfrutar de todo lo que
sucede, sino de una sabia aceptación de lo que es, de una rara habilidad para
deleitarse con la realidad. Pregúntales lo que no les gusta y les costará darte una
respuesta honesta. No actúan con la sensatez que significaría protegerse de la
lluvia cobijándose bajo techo, porque la lluvia les parece hermosa, estimulante y
algo que vale la pena experimentar. Les gusta. El fango no los enfurece: lo
observan, chapotean en él y lo aceptan como parte de lo que significa estar vivo.
Les gustan los gatos? Sí. Los osos? Sí. Los gusanos? Sí. Y aunque las molestias
como enfermedades, sequías, mosquitos, inundaciones y otras calamidades no
les producen placer ni las aceptan con entusiasmo, es gente que no gasta sus
momentos presentes quejándose por ellas o deseando que no fueran así. Si hay
que destruir ciertas situaciones, ellos tratarán de destruirlas. Y disfrutarán
haciéndolo. Por más que trates, te costará descubrir algo que no les guste hacer.
Realmente aman la vida y realmente se sumergen en ella disfrutando de todo lo
que les brinda.
La gente sana y realizada está libre del sentimiento de culpa y de toda la
ansiedad que se produce cuando se usan los momentos presentes
inmovilizándose por hechos que sucedieron en el pasado. Ciertamente pueden
reconocer que han cometido errores y pueden prometerse que evitarán repetir
ciertos comportamientos que resultaron contraproducentes de alguna manera,
pero no malgastan su tiempo arrepintiéndose por algo que hicieron y que
desearían no haber hecho, o molestos porque les disgusta algo que hicieron en
algún momento de su vida pasada. La total carencia de culpa es una de las
características de las personas sanas. Nada de lamentos por lo que pasó y nada
de esfuerzos por lograr que otros escojan la culpa haciendo preguntas tan vanas
como “¿Por qué no lo hiciste de otra manera?, o “¿No te avergüenzas de ti
mismo?” Dan la impresión de que saben reconocer que la vida ya vivida es eso, y
que por más mal que uno se sienta al respecto, nada podrá hacer para cambiar
lo que pasó. Ellos mismos se sienten libres de culpa sin ningún esfuerzo: porque
es natural, nunca ayudan a los demás a escoger la culpa. Se dan cuenta que
sentirse mal en el momento presente sólo refuerza la pobre imagen de sí misma
que puede tener una persona y que es mucho mejor aprender del pasado que
protestar por el pasado. No los verás nunca manipulando a los demás diciéndoles
lo malos que han sido, ni tampoco podrás manipularlos tú con las mismas
tácticas. Ellos no se enfadaran contigo, simplemente no te harán caso, te
ignorarán. En vez de molestarse contigo, preferirán irse o cambiar de tema. Las
estrategias que funcionan tan bien con la mayor parte de la gente fallan
completamente con estos seres tan sanos. En vez de hacerse desgraciados a sí
mismos o a los demás con sentimientos de culpabilidad, tranquilamente, sin
mayor ceremonia dejan de lado la culpa cuando la encuentran en su camino.
Igualmente la gente libre de zonas erróneas no se atormenta con
preocupaciones. Algunas circunstancias que a otras personas podrían llegar a
enloquecerlas apenas si afectan a estos individuos. No son ni planificadores del
futuro ni ahorradores para el futuro. Rehúsan preocuparse por lo que pasará en
el futuro y se mantienen libres de la ansiedad que acompaña a las
preocupaciones. No saben preocuparse. No es parte de su manera de ser. No es
que necesariamente estén todo el tiempo calmados pero no están dispuestos a
pasar sus momentos presentes sufriendo por cosas que pueden suceder en el
futuro y sobre las que no tienen ningún control. Están orientados principalmente
hacia sus momentos presentes, y tienen una señal interna que parece
recordarles que todas las preocupaciones deben suceder en el momento presente,
y que ésa es una manera muy tonta de vivir su actualidad. Esta gente vive ahora
en el presente y no en el pasado o en el futuro. No se sienten amenazados por lo
desconocido y buscan nuevas experiencias que nos les son familiares. Les
encanta la ambigüedad.
Disfrutan del ahora en todas las ocasiones convencidos de que es todo lo que
tienen. No hacen proyectos para un acontecimiento futuro dejando que pasen
largos períodos de inactividad mientras esperan este acontecimiento.
Los momentos que se viven entre los acontecimientos son tan vivibles como los
acontecimientos mismos, y estas personas tienen una rara habilidad para sacar
todo el goce posible de sus vidas diarias. No son “postergadores” ni de los que
ahorran por si vienen tiempos malos ¡y aunque nuestra cultura no apruebe su
comportamiento, no se sienten amenazados por reproches que provengan de sí
mismos! Aprecian y disfrutan ahora de su felicidad y cuando el futuro llegue y se
convierta en presente lo aprecian y disfrutan también. Estos individuos gozan
siempre porque sencillamente se dan cuenta de lo absurdo que es esperar para
disfrutar. Es una manera muy natural de vivir la vida, un poco como un animal o
un niño. Están demasiado ocupados en realizar plenamente el momento presente
mientras que la mayoría de la gente vive esperando las retribuciones sin ser
capaces jamás de cogerlas cuando se les presentan. Esta gente tan sana es
notablemente independiente.
Es gente que se encuentra fuera del nido, y aunque puede sentir gran amor por
su familia y estar muy ligados a ella, piensan que la independencia es más
importante que la dependencia en todas las relaciones humanas. Saben apreciar
muy bien su propia independencia, el no depender de lo que puedan hacer los
demás. Sus relaciones humanas se basan en el respeto mutuo al derecho que
tiene el individuo a tomar sus propias decisiones. El amor de esta gente no lleva
implícita la imposición de los valores propios en el ser amado. Dan gran
importancia a la intimidad del ser humano; lo que puede hacer que los demás se
sientan rechazados. Les gusta estar solos a veces, y se preocupan mucho de
proteger su intimidad. No se comprometen sentimentalmente con mucha gente.
Son selectivos en lo que respecta al amor, pero son también profundamente
afectuosos. A las personas dependientes y no sanas les cuesta amar a seres así
porque éstos son muy intransigentes en lo que respecta a su libertad individual.
Si alguien los necesita, rechazan esta necesidad por encontrar que es perjudicial
para la otra persona tanto como para ellos mismos. Quieren que las personas
que ellos aman sean independientes, que hagan sus propias elecciones y que
vivan sus vidas por sí mismos. Y a pesar de que pueden disfrutar de los demás y
desear estar en su compañía, quieren mas aún que los demás se las puedan
arreglar sin muletas y sin apoyos. Así pues, el momento en que empieces a
apoyarte en esta gente, te darás cuenta que ellos por su lado empiezan a
desaparecer primero emocionalmente y luego físicamente también. Rehusan
depender de la gente y que dependan de ellos en una relación afectuosa e
interesada, pero
alientan su confianza en sí mismos casi desde el principio ofreciéndoles mucho
amor en todas las oportunidades que se presentan.
Encontraras muy poca búsqueda de aprobación entre estos individuos felices
y realizados. Son capaces de funcionar sin la aprobación y el aplauso de los
demás. No buscan honores como hace la mayoría de la gente.
Son muy independientes de la opinión de los demás. No buscan honores como
hace la mayoría de la gente. Son muy independientes de la opinión de los demás,
sin importarles prácticamente nada si a la otra persona le gusta lo que ellos
dicen o hacen. No tratan de escandalizar a nadie ni de ganar su aprobación. Es
gente que está interiormente dirigida y a la que realmente no le preocupa ni
interesa la evaluación de su comportamiento que hace la demás gente. No es que
sean insensibles al aplausos o a la aprobación: parecen no necesitarlos. Pueden
ser incluso bruscos porque son honrados y no envuelven sus mensajes con
frases cuidadosamente pensadas para complacer a los demás. Si quieres saber lo
que piensan, eso será exactamente lo que te dirán. Igualmente, cuando tú digas
algo sobre ellos, no los destruirás ni inmovilizarás con tus palabras y opiniones.
Usarán la información que les das, la filtrarán por medio de sus propios valores y
usarán lo que les sirve en su propio beneficio y crecimiento. No necesitan ser
amados por todo el mundo, ni tienen excesiva necesidad de aprobación.
Reconocen que siempre habrá quien desapruebe lo que hacen. Son seres poco
comunes en el sentido que son capaces de funcionar como ellos mismos, y no
como dictamina un tercero.
Cuando observas a estos individuos, notas una falta de enculturación.
No son rebeldes, pero hacen sus propias elecciones aunque esas elecciones
entren en conflicto con lo que hace toda la demás gente. Son capaces de pasar
por alto las pequeñas normas sin importancia e ignorar tranquilamente los
inútiles convencionalismos que son parte tan importante de la vida de mucha
gente. NO son aficionados a asistir a “cocktail parties” ni hacen conversación
porque la buena educación lo aconseja. Son dueños de sí mismos y aunque
consideran que la vida social es parte importante de sus vidas, se niegan a dejar
que ésta los gobierne o a convertirse en esclavos de la misma. No atacan con
rebeldía pero internamente saben cuándo pasar por alto ciertas cosas y
funcionan con la mente clara y en forma sensata.
Saben reír y hacer reír. Descubren el humor en casi todas las situaciones y se
pueden reír de los acontecimientos más absurdos lo mismo que de los más serios
y solemnes. Les encanta ayudar a los demás a reírse y les resulta fácil crear buen
humor. No es gente seria ni grave que camina por la vida con pasos de plomo y
rostro severo. Más bien, son hacedores, gente activa, a los que a menudo se les
reprocha ser frívolos en el momento inoportuno. No están a tono con los
acontecimientos exteriores porqué saben muy bien que no existe realmente el
momento justo para hacer cualquier cosa. Les encantan las cosas
desproporcionadas e incongruentes, pero su humor no tiene hostilidad. jamás
usan el ridículo para hacer reír. No se ríen de la gente, se ríen con la gente. Se
ríen de la vida y lo ven todo como un gran divertimento, aunque toman muy en
serio su proyectos. Cuando se echan para atrás y contemplan la vida, saben
muy bien que no se dirigen a ningún sitio especial y que son capaces de disfrutar
y de crear una atmósfera en la cual los demás pueden optar por el gozo. Son
gente divertida que vale la pena tener cerca.
Son gente que se acepta a sí misma sin quejas. Saben que son seres humanos
y que serlo implica ciertos atributos humanos. Saben cuál es su aspecto físico y
lo aceptan. SI son altos, perfecto, pero si son bajos también. La calvicie está muy
bien, lo mismo que una frondosa cabellera.
Pueden soportar el sudor. No falsean su aspecto físico. Se han aceptado a sí
mismos y por ello son la gente más natural. Nada de esconderse detrás de
artificios ni de disculparse por lo que son. NO saben ofenderse por nada que sea
humano. Se quieren a sí mismos y aceptan todo lo que está en la naturaleza tal
como es en vez de desear que fuera diferente. Jamás se quejan de cosas que no
pueden cambiar como olas de calor, tormentas eléctricas o el agua fría. Se
aceptan a sí mismos y al mundo tal como es.
Sin pretensiones, sin lamentaciones, con una aceptación simple. Aunque los
frecuentes durante muchos años, no los oirás rebajandose a sí mismos o
deseando sutilmente algo imposible. Verás actuar a gente activa, a los hacedores.
Verás como toman el mundo natural y disfruta de todo lo que este le ofrece.
Aprecian el mundo natural. Les encanta estar al aire libre disfrutando de la
naturaleza, recorriendo gozosamente todo lo que aún está intacto, que es original
y aún no ha sido estropeado. Le encantan las montañas, los atardeceres, los ríos,
las flotes, los árboles, los animales y virtualmente toda la flora y la fauna. Como
personas son naturalistas, nada pretenciosos ni ceremoniosos y les encanta la
naturalidad del universo. No andan ocupados buscando bares, tabernas, clubs
nocturnos, fiestas convencionales, habitaciones llenas de humo y cosas por el
estilo, aunque ciertamente son muy capaces de disfrutar plenamente con este
tipo de actividades. Están en paz con la naturaleza, el mundo de Dios, si quieres,
aunque son muy capaces de funcionar en un mundo hecho por la mano del
hombre. Son también capaces de apreciar lo que ya no tiene interés para otros.
Jamás se cansan de un atardecer o de una excursión por el bosque. La visión de
un pájaro volando es siempre un espectáculo admirable. Igual que no se cansan
de mirar a un gusano ni tampoco a una gata que da a luz a sus gatitos. Una y
otra vez, nunca se cansan de apreciar espontáneamente lo que la vida les va
brindando. Algunas personas encuentran que esta es una actitud muy artificial
pero ellos no se dan cuenta de lo que piensan los demás. Están demasiado
ocupados en asombrarse por la amplitud de posibilidades que les brinda la vida
para realizarse plenamente en el momento presente.
Tienen una percepción muy especial en lo que respecta a la conducta de los
demás y lo que a otros les puede parecer complejo e indescifrable, para ellos es
claro y comprensible. Los problemas que inmovilizar a tanta gente son a menudo
sólo pequeñas molestias para ellos. Esta falta de compromiso emocional con los
problemas les permite franquear barreras que para muchos son infranqueables.
Tienen percepciones claras en lo que a ellos mismos respecta y reconocen
inmediatamente lo que los demás están tratando de hacerles. Pueden alzarse de
hombros y pasar por alto cosas por las que otros se enfadan y quedan
inmovilizados. Y ciertas cosas que pueden confundir a mucha gente que las
encuentra insolubles, a ellos no los amilanan y más bien las consideran como
simples y de fácil resolución. No están monopolizados por los problemas de su
mundo emocional. Para esta gente, un problema es realmente sólo un obstáculo
que hay que vencer y no un reflejo de lo que ellos son o dejan de ser como
personas. Su autovaloración está ubicada dentro de sí mismos, por lo que
cualquier problema externo puede ser visto objetivamente, y no, en ningún caso,
como una amenaza o un desafío a su propia valía. Éste es uno de los rasgos de
su personalidad más difíciles de comprender, ya que la mayoría de la gente se
siente amenazada por los acontecimientos externos, por las ideas o por la demás
gente. Pero los seres independientes y sanos no saben cómo sentirse amenazados
y esta característica hace que sean ellos los que parezcan amenazadores a los
demás.
Nunca pelean inútilmente. No son partidarios del autobombo para atraer la
atención sobre sí mismos. Si la lucha puede provocar un cambio, entonces
lucharán pero jamás lucharán inútilmente. No son mártires. Son hacedores.
Son también gente que ayuda a los demás. Generalmente trabajan en cosas que
le hacen la vida más agradable o más tolerable a los demás. Son guerreros en la
vanguardia del cambio social, pero no llevan sus luchas consigo a la cama por
las noches como caldo de cultivo de úlceras, enfermedades del corazón u otros
desórdenes físicos. Son incapaces de estereotipar. A menudo ni se dan cuenta de
las diferencias físicas de la gente incluyendo las raciales, étnicas, morfológicas o
sexuales. No son gente superficial que juzga a los demás por su aspecto exterior.
Y aunque puedan parecer egoístas y preocupados sólo de su propio placer, en
realidad pasan gran parte de su tiempo dedicados a servir a los demás. ¿Por qué?
Porque les gusta hacerlo.
No son gente enfermiza. No creen en la inmovilidad que producen los
resfriados y los dolores de cabeza. Creen en su propia capacidad para deshacerse
de esas enfermedades y no andan contándole a los demás lo mal que se sienten,
lo cansados que están o qué enfermedades infectan su cuerpo en la actualidad.
Tratan bien a sus cuerpos. Se quieren a sí mismos y en consecuencia comen
bien, hacen regularmente ejercicio (como sistema de vida) y rehusan
experimentar el tipo de malestares que inutilizan a mucha gente durante diversos
períodos de tiempo. Les gusta vivir bien, y así lo hacen.
Otra característica de estos individuos en pleno funcionamiento es la
honestidad. Sus respuestas no son evasivas ni pretenden mentir respecto a
ninguna cosa. Consideran que la mentira es una distorsión de su propia realidad
y rehusan participar en cualquier tipo de comportamiento que sirva para
engañarse a sí mismos. Y aunque son personas discretas evitarán tener que
distorsionar la verdad para proteger a la gente. Saben que están a cargo de su
propio mundo y e otros también lo están. Así se comportan de una forma que a
menudo otros pueden considerar cruel, pero en realidad lo que ellos hacen es
simplemente dejar que los otros tomen sus propias decisiones. Se enfrentan
eficientemente con lo que es, en vez de lo que ellos quisieran que fuera.
Esta gente no culpa a los demás. La orientación de su personalidad es
interna y rehusan responsabilizar a los demás por lo que ellos son. Por lo mismo,
no pierden mucho tiempo hablando de los demás, ni están obsesionados por lo
que los otros hacen o dejan de hacer. No hablan de la gente ¡hablan con ella! No
culpabilizan a los demás; ayudan a los demás y a sí mismos a poner la
responsabilidad donde corresponde. No se meten en habladurías ni propagan
informaciones tendenciosas y malvadas. Están tan ocupados en vivir su propia
vida con eficiencia que no tienen tiempo de ocuparse de las pequeñeces que
saturan la vida de mucha gente. Los hacedores hacen. Los críticos culpan y se
quejan.
Estos individuos no se preocupan mucho por el orden, la organización o los
sistemas en sus vidas. Practican su autodisciplina pero no tienen necesidad de
que las cosas y la gente encajen en sus propias percepciones de lo que deben de
ser las cosas. No están llenos de “debes” respecto a la conducta de los demás.
Creen que todos tienen derecho a sus elecciones y que esas pequeñeces que
enloquecen a otra gente son simplemente el resultado de la decisión de otra
persona. No creen que el mundo debe ser de alguna manera especial. No se
preocupan mayormente por el orden y la limpieza. Existen de una manera
funcional y si todo no es tal cual ellos quisieran, encuentran que eso también es
correcto. Para esta gente, la organización es simplemente una manera útil de
actuar y no un fin en sí misma. Y justamente por esta falta de neurosis
organizativa es por lo que son creativos. Emprenden cualquier cosa a su manera
única y particular, ya sea el hacer un plato de sopa, escribir un informe o cortar
el césped.
Aplican su imaginación a sus actos y el resultado es una manera creativa de
hacer las cosas. No sienten la obligación de hacer las cosas de cierta manera. No
consultan manuales ni hablan con expertos: simplemente atacan el problema de
la manera que les parece más apropiada. Esto se llama creatividad; y sin
excepciones, ellos la tienen.
Es gente con niveles de energía especialmente altos. Parecen necesitar menos
sueño y sin embargo se sienten estimulados por la vida. Viven y son sanos.
Pueden hacer acopio de tremendas rachas de energía para completar una tarea
porque escogen comprometerse en ella considerándola como una actividad
estimulante que los realiza en el momento presente. Esta energía no es
sobrenatural: es simplemente el resultado de su amor a la vida y a todas las
actividades que ella brinda. No saben aburrirse. Todos los acontecimientos de la
vida ofrecen oportunidades de hacer, pensar, sentir y vivir, y ellos saben aplicar
su energía en casi todas las circunstancias.
Si se los encarcelara, emplearían sus mentes en divagaciones creativas para
evitar la parálisis de la falta de interés. No hay aburrimiento en sus vidas porque
ellos canalizan la misma energía que tienen otros de maneras productivas para
ellos mismos.
Son agresivamente curiosos. Nunca saben lo suficiente. Buscan siempre más
y quieren aprender cada uno y todos los momentos presentes de sus vidas. No
les preocupa hacerlo bien o haberlo hecho mal. Si algo no resulta, o no logra
grandes beneficios, entonces se descarta en vez de lamentarlo. Son buscadores
de la verdad en el sentido de aprender cosas, siempre estimulados por la
posibilidad de aprender más y sin llegar a creer jamás que ya son un producto
terminado. Si están con un barbero se interesan por los problemas de ese oficio.
No se sienten nunca superiores ni actúan como si lo fueran, alardeando de sus
méritos para que otros los aplaudan. Aprenden de los niños, de los corredores de
bolsa y de los animales. Quieren saber más sobre lo que significa ser un herrero
o un cocinero, una fulana o el vicepresidente de una corporación. Son
estudiantes que aprenden, no profesores que enseñan. Nunca tienen los
conocimientos suficientes y no saben comportarse como snobs ni sentirse
superiores puesto que nunca se sienten así. Cada persona, cada objeto, cada
acontecimiento representa una oportunidad para saber más. Y son agresivos en
sus actitudes respecto a sus intereses, sin esperar que la información les salga al
paso sino que van tras ella. No tienen miedo de hablar con una camarera, o
preguntarle al dentista qué se siente cuando uno tiene las manos en la boca de la
gente todo el día, o preguntarle a un poeta el significado de tal o cual frase.
No tienen miedo al fracaso. No equiparan el éxito en una empresa con el éxito
como ser humano. Puesto que su autovaloración les viene del interior, pueden
observar los acontecimientos externos objetivamente y pensar sencillamente que
son eficientes y positivos o ineficientes y negativos. Saben que el fracaso es sólo
un índice de la opinión de otra gente y no hay que tenerle miedo puesto que no
puede afectar su autovaloración. Así, se atreven a probar cualquier cosa, a
participar en las cosas simplemente porque es divertido y no tienen miedo a tener
que explicarse a sí mismos. Igualmente nunca escogen la ira que inmoviliza.
Usando la misma lógica (sin tener que repensarla cada vez puesto que se ha
convertido en un modo de vida), no se dicen a sí mismos que la otra gente se
debería comportar de una manera distinta a la habitual o que los hechos
deberían ser diferentes. Aceptan a los demás como son y trabajan para cambiar
los hechos que les desagradan. Así, la ira es imposible porque no existen las
falsas o exageradas pretensiones. Esta gente es capaz de eliminar las emociones
que de alguna manera son autodestructivas y de alentar las que les sirven para
crecer.
Estos felices mortales no son nada defensivos. No hacen jugarretas ni tratan de
impresionar a los demás. No se visten para agradar a los demás y lograr su
aprobación, ni tampoco cumplen con el ritual de explicarse a sí mismos. Actúan
con gran sencillez y naturalidad y no se dejan seducir para hacer alharacas sobre
cosas pequeñas o grandes. No son tercos discutidores: ellos expresan
simplemente sus puntos de vista, escuchan los de los demás y reconocen la
utilidad de tratar de convencer a alguien para que sea como ellos. Y dicen
simplemente: “Eso está muy bien: somos diferentes, eso es todo. No tenemos que
estar de acuerdo”. Y dejan las cosas así sin necesidad de ganar una discusión o
de persuadir a su contrincante de lo equivocado de su posición. No tienen miedo
a causar una mala impresión pero tampoco hacen lo posible por causarla.
Sus valores no son valores locales. No se identifican con la familia, el vecindario,
la comunidad, la ciudad, el estado p el país. Se consideran a sí mismos como
parte de la raza humana y para ellos un austríaco cesante no es mejor ni peor
que un californiano cesante. No son patrióticos respecto a una frontera especial.
Más bien se ven a sí mismos como parte de la humanidad. No sienten alegría
porque hay más muertos en el campo enemigo ya que el enemigo es tan ser
humano como el aliado. No siguen las normas hechas por los hombres que
describen la manera de tomar partido. Ellos transcienden las fronteras
tradicionales, lo que a menudo es motivo para que otros los clasifiquen como
rebeldes o traidores.
No tienen héroes ni ídolos. Miran a toda la gente como seres humanos y no
colocan a nadie sobre sí mismos en importancia. No exigen justicia en cada
ocasión. Cuando otra persona tiene más privilegios que ellos, lo ven como un
beneficio para esa persona más que como un motivo para sentirse infelices.
Cuando juegan con un contrincante, quieren que le vaya bien en vez de desear
que juegue mal para ganar. Quieren ser victoriosos y eficientes por sus méritos
en vez de ganar por las fallas de los demás. No insisten para que todos sean
igualmente dotados, sino que miran hacia dentro de sí mismos para buscar su
felicidad. No son críticos y tampoco sienten placer por las desgracias ajenas.
Están demasiado ocupados siendo ellos mismos para fijarse en lo que hacen sus
vecinos. Más significativamente aún, estos individuos se aman a sí mismos.
Están motivados por un deseo de crecer y siempre que les dan la opción para
hacerlo, se tratan muy bien a sí mismos. No tienen espacio para sentir
autocompasión, ni
autorrechazo, ni para odiarse a sí mismos. Si les preguntas: “¿Te quieres a ti
mismo?”, recibirás una respuesta muy sonora y afirmativa: “¿Por supuesto que
sí!”. Son en realidad aves raras. Cada día es un deleite. Lo viven enteramente
disfrutando de todos sus momentos presentes. No es que no tengan problemas,
pero no están inmovilizados emocionalmente a causa de sus problemas. La
medida de su salud mental no reside en que resbalen, sino en lo que hacen
cuando resbalan. ¿Acaso se quedan allí lamentándose de su caída? No, se
levantan, se sacuden el polvo y siguen atareados con los quehaceres de la vida.
La gente que vive libre de zonas erróneas no corre tras la felicidad, simplemente
viven y la felicidad, cuando llega, es su retribución.
Esta cita de un artículo del Reader’s Digest sobre la felicidad resume la
actitud conducente a una existencia vivida positiva y eficientemente que es de lo
que hemos estado hablando:
Nada hace que la felicidad sea más inalcanzable que tratar de encontrarla. El
historiador Will Durant describe cómo buscó la felicidad en el conocimiento y
sólo encontró desilusiones. Luego buscó la felicidad en los viajes y sólo encontró
el cansancio; luego en el dinero y encontró discordia y preocupación. Buscó la
felicidad en sus escritos y sólo encontró fatiga. Una vez vio una mujer que
esperaba en un coche muy pequeño con un niño en sus brazos. Un hombre bajó
de un tren y se acercó y besó suavemente a la mujer y luego al bebé, muy
suavemente para no despertarlo.
La familia se alejó luego en el coche y dejó a Durant con el impacto que le hizo
realizar la verdadera naturaleza de la felicidad. Se tranquilizó y constató que
“todas las funciones normales de la vida encierran algún deleite”.
Si usas tus momentos presentes para aumentar al máximo la plenitud de tu
realización, serás una de esas personas y no un simple observador. Es una idea
maravillosa: estar libre de zonas erróneas. Puedes hacer esa elección ahora
mismo, si escoges hacerla.

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